Toda una vida

Rondaba los ochenta, y sus ojos de un azul intenso, todavía conservaban el brillo de otras épocas. Comenzaban a platear sus sienes, sin manifestar en sus oscuros cabellos, un signo más avanzado del paso del tiempo. Todavía caminaba ágil y su mente se conservaba intacta, con sus recuerdos.

Sentado en un rincón del espacioso porche, allí donde observaba sin ser visto, pasaba largas horas sobre la mecedora, dejando que su mente vaciase los momentos vividos de otros días.
Desde hace algunas jornadas, su pensamiento inquieto vuelve una y otra vez a rememorar aquellos sucesos que a punto estuvieron de destrozar su existencia, haciendo que renaciese de sus cenizas, cual ave fénix. Es sabido, que las situaciones difíciles, sirven para hacer crecer al individuo, aunque la mayoría de ocasiones se intente escapar de ellas.

Como cada cual, llevaba sus miserias y grandezas guardadas en su corazón, pero ese pensamiento persistente le hacía retroceder, a aquella infancia humilde, pero feliz, deteniéndose en sus primeros pasos de juventud, ahogado en el pozo del alcohol. En esa época, ya desde su más tierna infancia, el vino estaba al alcance de los hombres de la casa, y desde sus primeros años había sido seducido, con el calor del líquido oscuro, que daba fuerza y valía, o eso, es lo que se creía.

En sus años de adolescente, animado por su progenitor, tonteaba con la bebida, haciendo notar a los suyos que ya era un hombrecito.
De esos principios, pronto se pasó al exceso diario, haciendo que pocas fuesen las ocasiones en que estuviese sobrio. De las pocas relaciones que tuvo, debido a su problema, consiguió formar una familia, con una joven, que pensó que con paciencia y amor le cambiaría, para darse cuenta, que cada cual es como es, y el cambio, solo anidó es su mente.

Poco duró el amor y la paz en su hogar, ya que las desavenencias, y las peleas eran el pan de cada día… Con la llegada de su primer hijo, estuvo dos días ausente, celebrando el nacimiento. A su regreso al hogar, llegó arañado y amoratado debido, a las peleas, o caídas, que no pudo recordar. Su mente despierta en otros tiempos, estaba ahora amodorrada, y no recordaba la mayoría de sucesos acaecidos.

Sentía un calor extraño en el pecho cada vez que veía a la criatura, ¡cuando le miraba, y sobre todo cuando le ofrecía aquella media sonrisa!. Nunca supo cuidarle y amarle como debiera. Enfrascado en el momento, de saborear el líquido que le dejaría libre de problemas y tristezas, sin darse cuenta de que con su actitud más que ganar estaba perdiendo.

No tuvo nada de extraño que un día de esos resacosos, en el que dormía hasta que las primeras sombras, agotaban la jornada, al despertar, nadie más habitase su morada, el hijo que no supo amar, y la madre, que el creyó querer, ya no estaban allí, él, como siempre ausente.
De ahí se dejó caer por la pendiente, y aunque juró y perjuró dejar el alcohol, no solo siguió bebiendo, sino que tuvo su primer encuentro con sustancias más agresivas, y de ahí resbaló sin ningún tipo de saliente al que asirse. Recordaba aquella criaturita tan suave y sonrosada antes de caer en la oscuridad que lo asfixiaba. En sus pocos momentos lúcidos, aunque le echaba tanto de menos, se arrebujaba en si mismo, y sin ánimos, se dejaba caer más y más por la pendiente.

Dejó de acudir a su trabajo constantemente, algo que nunca había hecho, solo en muy contadas ocasiones. Todos le dejaron de lado, hartos de que no saliese de esa vorágine. Pronto comenzó a escasear el dinero. No sabía ¿a donde ni a quien acudir?. Lo poco que poseía lo mal vendió, ya no tenía a donde ir, por eso dormitaba en la calle, pendiente de lo que por allí transitaba, siempre que sus facultades lo permitieran. En más de una ocasión fue agredido, y otras tantas con sobredosis de alcohol y estupefacientes. La suya, era una carrera al abismo, sin remisión.

Una mañana , que él creía temprano, como tantas otras, comenzó a caminar, parando a observarse en un escaparate. Lo que allí vio hizo que se sobresaltase. No, ese no era él, era otro el que allí se reflejaba, no era el mismo… Con los ojos amoratados, uno ya casi no lo podía abrir, una brecha con sangre seca, cruzaba su frente, los labios partidos, la cara tumefacta e hinchada, daban una imagen terrorífica de lo que había sido, un rostro de hermosas facciones en otros momentos. Sin poder apartar la vista de ese espejo, se prometió a si mismo, que esos hábitos desaparecerían de su existencia.

Con el firme convencimiento de abandonar esa vida, llamó a muchas puertas. Aquellas que antes le jaleaban las gracias, ahora le ignoraban y se escabullían de él, y todas las puertas se cerraban. Tentado estuvo de abandonar en alguna ocasión. Pero con la fuerza que antaño poseía, con paso vacilante, y con la idea de salir hacía arriba. Llamó con cierto temor en la casa que le vio nacer, para darse cuenta que en muchos años nada había sabido de sus moradores. De su interior salió, a aquella mujer alta y delgada, ahora, cabizbaja y transida por el dolor. Hundió su rostro en los lacios cabellos, que tanto recordaba, suplicando perdón. Protegido por el amor que solo una madre sabe dar, dejó vaciar su alma, mientras un llanto manso bañaba su tez morena, dando rienda suelta a lo tanto tiempo reprimido.

Su progenitor ya no estaba, descansaba en la paz eterna, debido a la enfermedad y al dolor de la perdida de su único hijo. Nunca supo de ellos desde hacía ya muchos años. Su padre cansado de esperar un cambio, se dejó ir, avergonzado de la situación…

No fue fácil, salir del pozo en el que habitaba, pero debido a su fuerza de voluntad y al amor incondicional de su madre, iba consiguiendo ligeros progresos. Si hubiese dicho que fue fácil, habría mentido deliberadamente, pero un paso más cada día y consiguió dejar el alcohol y las drogas. ¡Un gran logro, después de tanto sufrimiento!

Su ex-esposa, había rehecho su vida, y se alegraba por la meta conseguida. A su pequeño al que apenas conocía ya rondaba la adolescencia, gracias a la buena disposición de su madre, sabía de su padre y parte de su problema, y aunque no fue un camino de rosas, recobró el amor de aquel hijo.

¡Préstanos pula vida que nos compartas!
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