Cumpliendo con su deber

Con estas humildes líneas quiero, agradecer y dar a conocer, si alguien aún no se ha enterado, a una persona ejemplar, cumplidora de su deber.

Allá por los primeros años de los ochenta, vino al mundo un niño como tantos, en una población de las muchas que hay en la península. El niño en cuestión vio la luz en Dehesas, y le pusieron el nombre de Pablo. Nació con un problema en los pies, que le impedía caminar como los demás. A pesar de ello, él ,se esforzaba cada día en seguir a los niños, intentando llegar donde esos mayores que organizaban los juegos, llegaban. No se conformaba con jugar con los más pequeños, si no que cada día se superaba.
Tanto en los juegos de la pelota como en los que necesitaban correr, él, aunque limitado, batallaba estando siempre entre los primeros. Siempre con su eterna sonrisa.

Superado el problema, y con edad para ello se puso a trabajar en un trabajo muy duro, la construcción; donde dedicó unos cuantos años. No sé si por el trabajo, o porque se dio cuenta que aún podía estudiar, preparó oposiciones para la policía, al no aprobarlas, empezó derecho.

En la época que llevó las riendas de la pedanía del pueblo de Dehesas, si alguien se acercaba con un problema, lo ponía en conocimiento de sus superiores, para subsanarlo. Cuando no tenía respuesta, era él, quién trataba de solucionarlo, incluso a costa de poner lo que se necesitase.

Hace ya unos años que se presentó a los exámenes de la Policía Municipal, entrando en el cuerpo. Desde que se incorporó a su trabajo, como policía, no ha dudado, en estar para lo que la ciudadanía del municipio de Ponferrada necesitase.
Él fue el que rescató a una excursionista en la cascada del Gualtón, socorriéndola, y para que entrase en calor hacer una fogata. Por lo que dieron una medalla. También fue el primero, en lanzarse al agua del río Sil, para sacar un hombre, a pesar del frío reinante en la ciudad de Ponferrada ese día. Fue de los que tuvo la idea, de en época de estío cuando la gente iba de vacaciones, pasarse por los pueblos del municipio y visitar las casas por si hubiese alguna cosa rara, mientras sus dueños se ausentaban.

Hoy lo ha vuelto a hacer, junto a su compañero también llamado Pablo, le han salvado la vida a un señor por atragantamiento. Era su esposa la que agradecía a estos agentes su labor.
Por eso, desde las páginas de este diario, deseo que se conozca a personas que como Pablo Calleja Fernández, y a tantos más anónimos, que exponiendo su vida ayudan a sus semejantes siendo ejemplos de saber hacer y cumplir con su deber.
Pablo, al igual que tantas otras personas que dan lo mejor de si mismos, son el acicate, para creer todavía en el ser humano, aunque haya mucho cafre suelto, ellos son el ejemplo en que mirarnos.
¡Mi enhorabuena Pablo, y por ser tan buena persona!.