Tu adiós

En tu último día con los tuyos, nada hacía presagiar, que muy pronto te irías. Después de momentos tan duros y agónicos, ahora habías vuelto a estar sonriente y alegre, como siempre habías sido, por lo que diste a los que te amaban nuevas esperanzas.

¡Cuántas horas de actividad, detrás de los fogones!, deleitando con nuevos platos, a los que llegaban a tu casa. ¡Y mira que no fueron pocos!. Siempre innovando, con los pocos recursos que tenías a mano. Tú imaginación que nunca descansaba, se llenaba de darle vueltas a cada cosa, para que nada fuese igual al día anterior y todo estuviese a punto y en su sitio.

Para ser una de tantas, del montón, donde no destacaba ni la belleza externa, ni un cuerpo llamativo, había en ti, no se… una alegría contagiosa, un ánimo de sacrificio, un tesón, y con una fortaleza inquebrantable, estando siempre a todo y para todos, haciendo que, quien te conocía, te admirase…

¡Qué hablar de tu inteligencia! Sin apenas estudios, trabajando desde muy pequeña, en todo lo que te salió al paso, siempre buscabas algo más, una explicación a las situaciones. Nunca te conformabas, con que era así, porque si. Si no sabías, preguntabas, pero nunca te quedabas con la duda, sin que, no hubieses entendido.

Desde tu partida, aunque la vida sigue y con nadie se para, nada ha sido igual, para los que te amaban. Creyendo, estar preparada para la despedida, he podido comprobar, que la ausencia ha sido en ocasiones, un dolor tan grande, que amenazaba con no dejarme proseguir, con desgarrarme por dentro. Es como si un cordón invisible me estuviese asiendo, para hacer las cosas diarias, pero siempre sujeta por ese hilo que me protegía y me cuidaba. Con el adiós, la sujeción se ha roto, cayendo al abismo, sintiéndome sola y abandonada, sin nadie en la vida, a pesar de estar rodeada de los que me aman.

¡Cuántos recuerdos en cada día y cada rincón! ¡Cuántas cosas quedaron sin decir, y cuantas dichas a destiempo! Siempre valoramos lo que no tenemos, sin darnos cuenta, que cuando,,, está a nuestro lado, ni reparamos en ello. ¡Cuántos momentos hemos vivido juntos!, que después de una vida, ¡se tornan tan pequeños!…..

Como dice el dicho, solo el tiempo amortigua el dolor y cicatriza las heridas, aunque el recuerdo este presente, éste no duele tanto. Se me antoja extraño, no tener que estar pendiente, de citas de hospital, de medicaciones, incluso, sin reparar en ello, me digo: que no puedo asistir a algún evento, porque tengo que acompañarte, que estar contigo. ¡Lo que daría, por que eso fuera hoy cierto!

Después de todo un año; el dolor no se ha mitigado, sigue conmigo, ya es un viejo amigo. Creo que ahora, empiezo a aceptar lo de tu despedida. Será un largo camino, hasta que pueda recordarte sin que tu recuerdo, me agarrote el alma, y las lágrimas se aprieten en mis ojos, resbalando como inmensas cascadas. Y eso, que procuro aquietarlas. No soy capaz de disimular, ya sabes… los sentimientos me pueden.

¡Las veces, que creyendo hacer lo correcto, me he equivocado!. ¡Lamento las ocasiones, en que no supe ver más allá y haberte herido!. Seguro que si de nuevo tuviera la oportunidad de corregirlo. ¡Me equivocaría de nuevo!. Solo el hombre es capaz, de tropezar dos veces con la misma piedra, pero seguro que yo serían muchas más.

Por eso madre mía, desde este minúsculo rincón del planeta tierra, en la inmensidad del cosmos, siéntete amada por toda la eternidad, esperando el día que de nuevo volvamos a reencontrarnos.

¡Préstanos pula vida que nos compartas!
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Email this to someone
email
Print this page
Print