Tarde de Musas

No siempre la historia más apasionante está en la novela que el escritor trae en su mano para presentar…


Aquella tarde en la Feria del Libro de Truchas (León), las palabras impresas de mi amigo el escritor empezaron a carecer de importancia en el momento que me invitó a entrar en su propia historia, la que traía a cuestas desde hace un par de años…

Aunque escritor, me imagino que le sucedería como a todo el mundo: que una vez contado lo que a uno le pesa, en su interior pasa a ser menos carga.

Como una lapida dejó caer sobre mis oídos una introducción a su narración que, ya no tuve sentidos para otra cosa que no fuese lo que en aquel momento me estaba contando.

Aunque aquel día él iba acompañado por su señora, en cierto momento tuvo la agilidad y con cierta discreción me hizo participe de su estado de nervios.

El hecho era que, en la vida que él mismo había elegido llevar para proveerse de inspiración y así disponer de más folios afortunados, poco a poco había forjado una más que cercana amistad con tres musas… musas de las que respiran al lado de uno, de carne y hueso. Y por lo que me llego a trasladar… sí, indudablemente no tenía desperdicio literario ni un solo pasaje de los que con mucho gusto aquellas buenas musas le aportaban.

El caso es que aquella triple aventura que comenzó como un simple juego desde su despacho, hacía ya tiempo que se le había ido de las manos: ya no por las citas periódicas que disfrutaba en persona con dos de ellas, sino porque ya había llegado a un momento que le era prácticamente imposible controlar la situación; pues a tres musas más una esposa era muy complicado encajarlas en una agenda con precisión y sin peligro de cometer errores.

Al parecer, por lo que me consta, la que menos tensiones le creaba de las tres siempre fue una pizpireta lolita, una estudiante de esteticién que se había visto atraída por el amigo escritor con aspecto de madurito interesante; de ésta se puede decir sin miedo a equivocarme, que venía a ser el entretenimiento nocturno de sus juegos eróticos por la red.

Ese día de la Feria del Libro en Truchas, para él se había convertido en el peor de los escenarios imaginables para presentar su libro, y más bien en su ágora interior se sentía como el reo que lo llevan de camino al patíbulo…

Aunque me lo explicaba con circunspección, y aun siendo yo testigo de lo que allí se estaba cociendo, no se lo podía creer: Aparte de su mujer, allí estaban presentes las tres consortes, que por supuesto ignorándose totalmente entre ellas cuatro, pues de nada se conocían.

Después de describirme la situación al detalle, y también pormenorizar sobre cada una de ellas, yo asistía incrédulo a tal lista de despropósitos…

Llegado el momento de la ponencia en la presentación de su libro, hubo un momento en el que no pudo más; y aclararé, que de lo que le estaba ocurriendo tan solo me percaté yo, creo.

Ya entrado en materia en la disertación de la novela, en un gesto de ternura hacía su esposa y, como homenaje a ella, pues no iba muchas semanas que había sido intervenida quirúrgicamente de un cáncer, le pidió que leyese para el publico una pagina de su libro escogida con anterioridad.

Lo cierto es que, poco había de amor en aquel gesto, más bien se trataba de un disimulo para él ausentarse hasta el baño y vomitar; su estado interior se encontraba tan angustiado y descompuesto, que ya no pudo aguantar más.

Siendo todo lo sincero del mundo, quisiera decir, que me hubiese gustado no saber nada de lo que en aquella sala estaba sucediendo con la vida intima de cinco personas… si mi amigo lo estaba pasando mal en ese momento, mi sufrimiento no era menor.

Para terminar el acto de presentación, pudo sacar fuerzas de flaqueza y enfrentarse a la firma de libros con la poca entereza que le quedaba…

A día de hoy, todavía puedo recordar con nitidez los ojos de orgullo por la obra del hombre amado; ese brillo y semblanza en la mirada no se encontraba solo en la señora desposada con el autor, cada una de ellas en ese instante se sentía única y exclusiva ocupando el corazón de mi amigo; amigo que por razones obvias mantendré su nombre en el anonimato.

A las musas ya hacía días que les había llegado a sus domicilios el libro en cuestión, dedicado con todo amor, pero aquella tarde las tres pensaron de igual forma: Quisieron comprar el libro y ponerse a hacer cola hasta que les tocase su turno; deseaban poder recibir en publico los besos y palabras de su amado, y así con el disimulo del momento sentirse cada una de ellas la mujer más afortunada en aquella tarde dentro de una sala abarrotada de publico, y bastante saber, pues eran varios los intelectuales allí presentes…

Esta mañana me sonaba el móvil con una llamada de ella, su esposa… en el momento que abría la comunicación, la pantalla también me avisaba de la llegada de un mensaje de mi amigo. Me quedé con la sangre helada cuando su mujer me comunicaba entre sollozos que él había aparecido en su coche sin vida y con un arma en su mano… Había dado el último beso… pero esta vez en su propia sien y mortal.

¿Lo que en el mensaje me decía?, pienso que ya poco importa… : “Hoy me quiero despedir de ti, antes de que probablemente mi esposa se despida de mí para siempre; esa mujer que me ha amado y admirado hasta limites fuera de lo común, tanto, que han existido en mi vida ciertos momentos que más que andar…flotaba, y más que dormir era un sueño despierto sintiéndome en un edén”.

Si acaso importaba algo ahora, era ese hijo que con doce años de repente murió un trozo de él… y el deseo de éste de ser escritor.

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