El seranu

San Antonio Abad

Hay un santo llamado San Antonio Abad, que se celebra el 17 de enero, un monje que falleció este día en el año 356 mencionado por los lugareños como Laconero, o Cachuchero, y San Antonio de Padua que falleció el 13 de Junio del año 1231, el día que se celebra su fiesta.
El primero es el patrón de los animales domésticos y del ganado, y protector de los ermitaños.
El segundo, de los objetos perdidos, los que buscan pareja, de los pobres, viajeros, albañiles, panaderos, papeleros y mujeres estériles.
Cuentan las leyendas que las abuelas de nuestras abuelas, oyeron a los suyos que en cierta ocasión, en una de las muchas aldeas del ámbito rural de la zona noroeste, una niña de diez años pastoreaba unas cabras, cuando una tormenta fortísima se desató, la tarde de mediados de Junio se oscureció; del cielo, los relámpagos y truenos eran aterradores, con un viento huracanado que cuando la niña se disponía a regresar al hogar, ese viento en el alto de una pequeña loma que debía pasar, la lanzó hacia el otro lado junto con las cabras. El aire la arrojó unos metros, quedando aturdida. Al volver en sí, llovía como si los cielos se abrieran y casi a tientas se guareció junto a las cabras debajo de una peñasco resguardado.
Oscureció y la niña no sabía volver para casa, sus padres salieron a buscarla. La abuela de la niña no dejaba de implorar por su nieta y las cabras. Seguía diluviando y un rayo cayó en la esquina del peñasco, haciendo añicos parte de éste, la pequeña y las cabras aunque algo aturdidas no les pasó nada grave.
Cuando la encontraron un poco desorientada, las cabras muy juntas y con parte del peñasco desarmado, dieron las gracias al cielo y a San Antonio Abad. La abuela, beata donde las hubiera, rezó una novena al santo y le ofreció el mejor cabrito del rebaño.

El día de su fiesta, acudieron a llevar el presente al santo. Había amanecido frío y una escarcha blanquecina cubría el lugar. Las gentes que traían sus ofrecimientos los fueron depositando a los pies del patrono: lacones, jamones, orejas, patas, chorizos. La familia de la chiquilla dejó el cabrito atado a un confesionario de la iglesia, momento que el párroco aprovechó para avisar al carnicero y la cocinera, para que con tan buen cabrito, preparase un asado, para él y los sacerdotes que le acompañaban.
Después de darse un buen atracón,guardar las viandas y saborear el cabrito les decía a sus compañeros con chanza: «con que poco se convence a los pobres».