El seranu

Vivir el Día a Día

Las personas, casi nunca aprendemos, ni estás generaciones, ni las que nos precedieron. Estamos siempre intentando vivir desde el presente, el futuro que pueda acontecer, anticipándonos a él, para ver que nuestras expectativas casi nunca se confirman; en otras, nos dejamos llevar, anclados en un pasado que ya no volverá, retornando una y otra vez al punto de partida, sin poder proseguir y evolucionar, agarrados a los recuerdos que nos mantienen presos. Solo el ser humano es capaz de vivir en otros momentos, menos en el presente.
Los animales, nos dan lecciones que no vemos, ellos viven cada momento, para bien o para mal. Saborean ese instante y después lo olvidan, para seguir el camino. No atesoran para lo que venga más tarde o mañana, viven el momento sin más.

Nosotros, vivimos cada día esclavos, de los sentimientos, de lo que vendrá, de lo que sucederá, en definitiva de un sistema que nos lleva, a donde quieren. No tenemos tiempo, ni para nosotros y, mucho menos, para interactuar con los demás. Vamos de un lado para otro, intentando llegar a todo y ese peso nos causa frustración estrés y malos sentimientos. !Con lo fácil que vivir al compás de la vida y no en contra de ella! Pero la vorágine en que estamos inmersos, no nos deja ver; solo seguimos hacia adelante sin cuestionarnos si quiera, qué estamos haciendo.

Cada día hacemos horas y horas de trayectos, para llegar a un trabajo que casi nunca es satisfactorio, llevando un sueldo, a veces mísero, que las necesidades impuestas no nos dejan ni podemos disfrutar. Convivimos con compañeros con los que solo tenemos una relación cordial y eso en el mejor de los casos. Vamos concentrados en la rutina, que no nos deja ver nada. Vagamos de un lado para otro, sin encontrar el lugar.

Somos unos infelices, e intentamos animarnos, diciéndonos: «cuando me jubile, ya iré y viajaré». ¡Pero ilusos!, en el momento menos pensado dejamos de existir y esas carreras, para llegar a todo, no han servido para nada. Nos vamos sin haber vivido, sin disfrutar de las pequeñas cosas, sin interactuar con los demás y, casi siempre, sin una cuenta llena de ceros en el banco, que no vamos a necesitar.

Con lo felices que seríamos viviendo cada día lo que la vida traiga, sacando provecho y lecciones aprendidas. Solo nos llevaremos, lo que hayamos dado a los demás, desde el corazón sin esperar nada a cambio.

¡Venimos solos, y solos nos vamos!.