El seranu

Somos números

Aquella mujer que no tenía parada, inquieta por hacer, aprender y saber. Con arraigados principios, coqueta sin ser altanera, temerosa y a la vez atrevida, que si daba una palabra era para cumplirla, costase lo que fuera, se ha visto apartada de la rutina diaria, se ha descolgado, o la han descolgado del trajín diario de tener horarios. Ya no acudirá a su puesto de trabajo, ha sido sustituida por otra persona, que tal vez, sea más joven, enérgica, con ganas de aprender, aunque de principio menos eficiente.

La ventaja que da ser un veterano en el oficio, solo se adquiere con los años. En esos años que se cuenta, cuando se es necesario o interesa, después a pesar de a veces, hacer más de lo debido, para cuando se da cuenta, ella es la que no cuenta para nada.
Después de ofrecer sus servicios, su trabajo durante una gran parte de su vida, se es relegado a incrementar las listas de pensionistas, que la mayoría de las veces se ha cotizado un buen número de años, para quedar una pensión ridícula, eso sin contar que si se es mujer, y el ramo en el que se haya cotizado.
Cuando se está en activo, se es necesario y se es eficaz, aún parece que se le tiene en consideración, pero cuando se ha cumplido la etapa, como se suele decir ,si te he visto , ni me acuerdo.

Las horas extra que tuvieron que hacerse, y de los desvelos que en ocasiones hubo que cumplir, con tristeza se ve, que no se contaba para nada, solo porque se es necesario. Ni agradecimientos ni despedidas, ni una pizca de gratitud. Al poco tiempo de estar fuera, nadie se acuerda del compañero, atento con todos, y si no había amistad, ni siquiera un saludo, les recuerda.
Como bien se dice y se sabe, nadie es imprescindible, todo sigue en la vida, y esta no se para con nadie, lo que se hizo de forma altruista, no es agradecido ni valorado, convirtiéndose en un triste número, y gracias si de eso alguien se acuerda..