El seranu

Sin una despedida

Tus primeros pasos, que yo, una año y medio mayor trataba de guiar, a veces, en la mayoría de ocasiones, terminábamos de bruces en el suelo los dos.

En aquellos años, después de seis décadas, la vida era diferente a la de hoy, los hermanos mayores cuidaban los pequeños e inconscientemente se les hacía responsables de la integridad de los más chicos.

Tú, un niño movido, curioso por todo, y con una sonrisa pícara, que iluminaba aquella tez sonrosada.
Jugábamos, a tantos juegos, con la imaginación, sin apenas juguetes. Inventábamos lugares, recorríamos el mundo, encima de los reposabrazos del escaño de la cocina, que hacían las veces de unos autos imaginarios. Tú mente despierta que todo lo veía, las ganas de saber y probar, no dejabas de curiosear por todas partes, no había nada que se te resistiese. Y qué decir de tu sentido del humor, como disfrutabas haciendo perrerías ya desde muy niño. Yo, fiel escudero, estaba a tú lado, aunque más de una vez, aquella fidelidad me reportara, más de un cachete o una reprimenda.
Siempre íbamos juntos a casi todos los lugares, tú, el decidido, tirado para adelante, yo, más reflexiva, tratando de pararte.

Catorce años después, llegó nuestra hermana, yo, siendo mayor, haciendo nuevamente de cuidadora, la que tenía que enseñar y educar, siendo la mala, tú, un adolescente, que ya empezabas a trabajar, para contribuir en el bienestar de la familia. Los hombres a ganar un sueldo, mientras las mujeres, llevaban, la casa, los hijos y hermanos menores, lo relativo al campo y los animales. Años de duro trabajo, donde la vida forjó un carácter, haciendo que, los sacrificios y problemas, hiciesen madurar y gestionar emociones, que, de otra forma, no hubiesen cabido.

A pesar de seguir nuestros caminos a lo largo de la vida, y con todas nuestras diferencias, siempre mantuvimos un amor de hermanos como pocos. No faltaron nunca las discusiones, ni las distintas formas de pensar, pero ese amor que desde niños nos inculcaron, prevaleció por encima de todo, y esas discusiones frecuentes, no llegaban a más, no importaba quien, pero en pocas horas lo habíamos solucionado.
Te has marchado primero, aunque era a mí a quien me correspondía. Te fuiste, y lo peor, sin una despedida. Casi todas las semanas nos veíamos, en esa de finales de febrero, no fue así, hablamos el viernes por la noche, quedando que ese fin de semana vendrías, y me contarías algo que deseabas decirme.
Ya de mañana, después de acompañar a tu hija, al regresar a casa un accidente cardiovascular, te dejó seminconsciente, y cuando llegaste al hospital, aunque nuestra hermana y yo te estábamos esperando, no conseguiste mirarnos, y menos hablarnos. Dos días más tarde, se escapaba la vida y esos ojos alegres se cerraron para siempre.
Por mucho que los médicos lucharon, y nosotros no dejamos de rezar, la Vida tenía para ti otros planes, dejándonos solos, sin un adiós, ni una despedida.

Se que de nuevo algún día, nos volveremos a ver, mi corazón me lo dice, aunque no entienda de qué manera. En estos meses de ausencia, trato de agarrarme al trabajo, a otras muchas cosas para llevar tu pérdida, pero algunos días el corazón se acobarda, y no tiene ganas de seguir. También sé, que en algún otro lugar habitarás, aunque de forma diferente.
Sabrás, lo difícil que es gestionar tú perdida, aunque tengo la esperanza, que el dolor con los años sea más llevadero, tampoco deseo que mi sufrimiento sea un retraso en tú camino. Ya sabes, como dice el dicho: El tiempo cura hasta las peores heridas, aunque esa cicatriz se quede para siempre.
Solo deseo que allá donde te encuentres, ese amor tan especial que siempre tuvimos, permanezca en el tiempo, y sea un bálsamo para todos.

Seguiré cada día, sabiendo que, en otro plano, un ángel más cuidará de toda la familia. Recuerdo tantos momentos…. y sobre todo, aquella sonrisa que siempre nos regalabas.
Te has ido sin una despedida, y aunque mi cabeza lo entienda, mi corazón se niega a aceptarlo.
Allá donde te encuentres, sabes que mi corazón jamás dejará de amarte y extrañarte. Y, como siempre, aunque sea una retórica y tarde, no se debe dejar de decir a los que amamos, TE QUIERO, pues cuando quieres hacerlo, ya se han ido.
Espero que los que se fueron antes, te regalen su compañía, yo aquí, seguiré adelante, aunque no sepa como hacerlo, pero nunca dudes, que tanto yo, como todos los que te amaron, te vamos a olvidar.
A pesar de ser tarde, TE QUIERO hermano del alma, y ese amor que vivimos, no se acaba, sigue hasta el infinito.