El Sustanciador (Oficio desaparecido)
Como algunos oficios que están a punto de desaparecer y otros ya extinguidos, apenas quedarán personas en estos días, que recuerden el oficio del Sustanciador. Se ubicaba en los pueblos de la zona norte, en los tiempos de la guerra y la posguerra, donde más necesidad había de las zonas, allí estaba el Sustanciador.
Este oficio de vendedor ambulante, consistía en llevar en la bolsa, morral, macuto, etc. un hueso de carne de res, o del jamón de cerdo casi vacíos (sin nada de carne), atados con una cuerda que se introducía por determinados minutos en una olla hirviendo, de cada hogar que lo solicitase, previo pago de una peseta, cada cuarto de hora.
Como la comida no abundaba y mucho menos la carne, el Sustanciador era el que llevaba a los hogares en extrema necesidad, un pequeño sabor a carne en el caldo aguado. Quien comía aquel caldo, notaba el sabor a dicho alimento, o más bien se lo imaginaba. En el momento que cumplía el tiempo, se sacaba de la cacerola, se secaba, se guardaba, y se llevaba al siguiente hogar que lo hubiese solicitado, hasta que el hueso ya no le quedase sabor. Luego era consumido por los perros, o incluso algún vecino con buenos dientes, que después de tantas horas de cocción, dichos huesos se deshacen con facilidad.
En este oficio se demostraba el ingenio y la creatividad para paliar el hambre. Además, era un servicio a sus convecinos, con los que sacar unas perrillas.
Hay algunos autores que lo refieren en sus escritos, que realmente existieron, aunque otros apuntan que fue un mito extendido y muy popular.
En resumen, el sustanciador, sea mito o realidad, era una figura de extrema necesidad, un vendedor ambulante de entonces, que con su ingenio daba un poco de sabor a los deslavazados guisos de quien, como él, vivían en la máxima pobreza, convertido en parte del folclore español de supervivencia.
Casi ninguno de los que no vivimos en esos años nos imaginamos algo así, pero quizás no estemos muy lejos de tales sucesos.
