Poco concienciados
España es un país de tópicos, que si la picaresca, disfrutar de la vida, trasnochar, pero también es una nación de gente generosa.
Hace unos meses la Hermandad de Donantes de Sangre, ha estado haciendo un llamamiento a la sociedad que el Banco de Sangre, está bajo mínimos en reservas de sangre.
En fechas concretas, como el verano , Navidades, las existencias se agotan, debido a un mayor número de accidentes. A ello hay que sumar, enfermedades frecuentes que en algunas fechas se intensifican.
Todos en mayor o en menor medida seguro que las hemos necesitado, o las podemos necesitar, y es terrible, que por no perder un rato de nuestro tiempo, alguien tenga que morir, por no disponer, de sangre para una simple transfusión.
En los grandes hospitales de las ciudades más importantes del país, la gente está más concienciada, que en las pequeñas ciudades de provincia. La sangre tiene que estar preparada para los enfermos, y no los enfermos esperar por una transfusión que pueda llegar.
Para cualquier lado que miremos a nuestro alrededor, hay personas que dependen de una acción sencilla y generosa como la de donar. En nuestros días aparecen enfermedades, raras que no se conocían. El cáncer una lacra de nuestro siglo, necesita de donaciones anónimas que a buen seguro salvarán vidas. Leucemias, tanto de adultos como de niños pequeños.
Nos falta conciencia y un poco de empatía, para entender la situación que muchas personas sufren.
Aunque somos los primeros en donaciones de órganos, hay mucha gente que depende de esa generosidad para seguir viviendo. Cuando alguien cercano se va, nos deja un vacío imposible de llenar, pero pensándolo bien ,sería magnífico, que con los órganos de esa persona cercana fallecida, otra, pueda vivir, es una acción maravillosa y gratificante, saber que alguien verá con unas córneas, que un corazón sano late en otro pecho, donde hubo uno enfermo. El que lo recibe estará eternamente agradecido, y el que lo da, ha hecho algo maravilloso, darle esperanzas de vida a alguien desahuciado.
Pensemos que cada tres meses, en varones y cuatro en féminas, mientras tengamos salud, podemos regalar algo muy grande un poco más de vida a alguien que lo necesita.
Saberse útil en momentos así da una paz inimaginable y una ilusión que hace creer en la humanidad, sintiéndose orgulloso de un deber cumplido y aunque no se sepa a quien, en alguna parte, un ser humano estará eternamente agradecido por ese gesto solidario.
