La Tormenta
Cuando llega el buen tiempo las temperaturas suben y escalan unos cuantos grados, también se presentan las tormentas. Estas tormentas siempre descargan con fuerza, en alguna parte. Suelen arruinar cosechas, matar animales, destruir hogares y en el peor de los casos alguna vida humana. Son fenómenos atmosféricos difíciles de prever, se intuye donde descargarán con más fuerza, pero muchas veces no hay un acierto al ciento por cien y puede suceder algo realmente, catastrófico.
En aquella población muchas familias vivían de la tierra y como bien es sabido, el que vive del campo suele mirar al cielo con frecuencia, esperando que la madre naturaleza sea benévola y no le arruine sus cosechas.
Ese pueblo como tantos otros poseían una iglesia parroquial dedicada a diversos santos y una pequeña capilla, en el centro rural dedicada a Santa Bárbara. Desde siempre había unas personas cercanas al templo, que cuando veían venir la tormenta, sobre todo del oeste, se ponían a temblar y estos vecinos cercanos siguiendo la tradición, subían al tejado de dicho lugar de culto, y ponían la campana boca arriba, para espantar la tormenta. Ahora quedan muy pocos vecinos jóvenes que con una escalera pequeña y de un salto lleguen al tejado. Los que por allí residen son gente mayor, o simplemente ya no están. Por eso las gentes que llevan allí muchos años y tienen una gran devoción a Santa Bárbara, deambulan por los alrededores de la ermita, para ver si ven a uno de los moradores más jóvenes, sobrepasando la sesentena, aunque se conserva bien y es ágil, que posee la huerta y una nave en las inmediaciones del lugar, llamado Pedro, y aún a sus años le denominan, Pedrín.
Los días que amenaza tormenta le buscan llamándole: “Pedrín, Pedrín sube au louxado monín, e pon a campanía bocarriba.” Él sintiéndose importante, escalera en mano accede al pequeño campanario, volteando la campana y con un palo un poco gordo de un metro más menos la postea, para que, si alguno siente la curiosidad de tocar la campana, no pueda y se mantenga hacia arriba.
No sé sabe si es por fe, por mano divina, o porque le ha cuadrado, pero hace muchos años que el pueblo es respetado, las cosechas salen a veces mal, por otras causas, aunque la tormenta merodee por los alrededores, no descarga con fuerza ni con piedra en la zona, y sus habitantes están atentos a la campana, además de murmurar en torno a la capilla:
Santa Bárbara bendita,
Que en el cielo estás escrita,
Con papel y agua bendita
Guarda pan, guarda vino
Guarda gente en el camino.
