Un uno de Noviembre
Como bien es sabido en España, una nación con mayoría católica el día uno de noviembre se celebra la festividad de todos los santos.
Una buena parte de la ciudadanía en esta época visita los camposantos para honrar a sus difuntos. Es un día triste, porque quien más y quien menos, siempre tiene algún familiar fallecido.
En naciones de América Latina, como México, las personas vivas acuden en masa a los cementerios para celebrar un día de fiesta con sus familiares que no están. Lo ven como una ocasión de celebrar con los que se han ido, procurando que la jornada se lo más feliz posible.
En ciudades anglosajonas celebrar el día de Halloween, donde las personas se disfrazan con vestidos que causen miedo y terror, pero disfrutando de unos días festivos.
Hace años en España, la gente era más crédula y algunos afirmaban ver, o haber visto la Santa Compaña, contando muchas leyendas.
En esta ocasión: una familia con seis hijos tuvo otro vástago y la madre unos meses después de alumbrar al bebé falleció, dejando a la familia rota. El padre trabajaba en la mina cercana al pueblo,desde hacía años y dos de los hermanos mayores,se habían incorporado hacía poco tiempo. La hija mayor hacía las tareas del hogar y cuidaba a los más pequeños. La muchacha era aún muy joven casi una niña. Dejó de ir a la escuela, y aunque trataba de llegar a todo, casi nunca lo conseguía. Cocinaba como podía, aseaba a sus hermanos y los mandaba a la escuela,hacía la lumbre, cocinaba,lavaba y sacaba adelante al más pequeño.
Ella que tenía muchas ilusiones y sueños en su cabeza, vio como con la muerte de su madre, todo se venía abajo, pero aún así no dejó de luchar y tratar de hacer todo lo posible por que los demás estuviesen bien.
Comentaba su hermano el pequeño en una ocasión: que cuando tenía tres o cuatro años, sus ropas era un mandilón con una camiseta por dentro y un pantalón con un solo tirante, que tenía una abertura entre las piernas, sin ropa interior, para que cuando tuviese que hacer sus necesidades, fuese autónomo y no dependiera de nadie. También decía: que cuando su hermana cocinaba el caldo cada día, nada más empezar a hervir, como tenían tanta hambre y la muchacha no podía hacer más, ellos, hambrientos, metían la mano en el pote caliente y sacaban patatas y berzas, que iban comiendo. Cuando llegaban los hombres de la mina, solo quedaba el caldo líquido, con unos cuantos tropezones sin nada más.Él progenitor y los hermanos mayores reñían con la muchacha, ella, se enfadaba con los pequeño, sin dejar de lamentarse y llorar.
En esta ocasión el veintinueve de octubre, había amanecido un día oscuro, plomizo, amenazando lluvia con brevedad y un frío que cortaba. Ella entró en el cuarto espaciado, que hacía de dormitorios con cuatro camas a ambos lados y una cuna que ella mecía cada noche, se dejó caer en la cama, al lado del recién nacido, ahogada por las lágrimas, presa de un desasosiego por el dolor de la pérdida de su madre y toda la situación que tenía encima, al acercarse al bebé pudo comprobar, que estaba cambiado y aseado, y el pelo rubio siempre de punta estaba peinado. El pequeño que era muy bueno dormía a pierna suelta. Le miró extrañada y cuando salía de la estancia a la pequeña cocina sintió como un empujón y una sombra se dibujó en la pared, mientras una voz parecida a la de su madre le decía: “Tú, non vayas a mina, cuida o nino, que eu, mentras me deixen, veño a axudarte, pero non digas que me has visto,porque si llo dices a algén, non podo volver».
Ella se quedó muda no sabía qué hacer.
Después de darle muchas vueltas, y callar por un tiempo, sin querer causar ningún mal, sus pocos años y la responsabilidad a sus espaldas, hicieron que descubriese el secreto que sabía.
Su padre y hermanos la llamaron loca, no la creyeron. Ella, mientras tanto seguía cuidando de todo, pero nunca más escuchó la voz de su madre, ni encontró al pequeño aseado, ni cuidado.
Para su tristeza, eso era un trabajo que tenía que hacer, y nadie a sus catorce años le ayudaba.
Pero desde entonces, cada uno de noviembre todos los años, alguien, no se sabe quién, ni a qué hora, dejaba un perfume a flores en toda la casa.
Realidad o Ficción solo lo sabe quien lo ha vivido, mientras tanto, los demás pensar lo que se quiera, sin dejar de respetar lo oído.
