Fiestas del Corpus en Cabrera

En toda la comarca son célebres las fiestas sacramentales de todos los pueblos por su belleza, por las colchas que aportan colorido y por sus enramados de calles

Entrada de la iglesia de Robledo de Losada. Fotografía Pepe Liñán

Este domingo cierra en España y en el mundo cátolico las celebraciones con la octava del Corpus las llamadas fiestas sacramentales, fiestas que giraban en torno a las fiestas del Corpus Christi, de las que tenemos noticia en España ya desde el siglo XVI, como pone de manifiesto el Códice de Autos Viejos, y que adquieren un gran auge en el Barroco con la profusión de representaciones de autos sacramentales por toda la geografía española. Tendríamos, así, un Ciclo de la Eucaristía posterior a los cuarenta días de la Pascua. Pero adentrémonos en la historia de esta fiesta y su relación con la comarca Cabreiresa y con la provincia de León.

Historia

La fiesta surgió en la Edad Media, cuando en 1208 la religiosa Juliana de Cornillon promueve la idea de celebrar una festividad en honor al Cuerpo y la Sangre de Cristo presente en la Eucaristía. Así, se celebra por primera vez en 1246 en la diócesis de Lieja (Bélgica).

En el año 1263, mientras un sacerdote celebraba la misa en la iglesia de la localidad de Bolsena (Italia), al romper la Hostia consagrada brotó sangre, según la tradición. Este hecho, muy difundido y celebrado, dio un impulso definitivo al establecimiento como fiesta litúrgica del Corpus Christi. Fue instituida el 8 de septiembre de 1264 por el papa Urbano IV, mediante la bula Transiturus hoc mundo. A Santo Tomás de Aquino se le encargó preparar los textos para el Oficio y Misa propia del día, que incluye himnos y secuencias. También dicha bula permitió que se celebrara fiestas religiosas con disfraces alegóricos del triunfo del bien sobre el mal. Así, el Corpus Christi se celebraba en Italia con procesiones de diablos y monstruos y remataba con dramas religiosos. Este hecho se esparció durante el renacimiento como veremos ahora en todos los países europeos católicos. En España, los famosos Autos Sacramentales remataban siempre las procesiones de Corpus Christi. Durante éstos, personas disfrazadas de diablos con trajes llenos de cascabeles golpeaban al público con vejigas infladas.

Aunque inicialmente el uso de máscaras y disfraces estaba más relacionado con fiestas religiosas que con el carnaval, al pasar el tiempo fueron usándose cada vez más hasta que en la actualidad los carnavales son verdaderas Mascaradas.

Es a través del Concilio de Vienne de 1311, cuando Clemente V dará las normas para regular el cortejo procesional en el interior de los templos e incluso indicará el lugar que deberán ocupar las autoridades que quisieran añadirse al desfile. Y ya en el año 1316, Juan XXII introduce la Octava con exposición del Santísimo Sacramento. Un gran espaldarazo vendrá dado por el papa Nicolás V, cuando en la festividad del Corpus Christi del año 1447, sale procesionalmente con la Hostia Santa por las calles de Roma.

Sin embargo muchos no saben que debido a la reforma de Lutero, el cual postuló que la consagración del pan en el cuerpo de Cristo y del vino en su sangre no era verdad. En el Concilio de Trento que finalizó en 1562 se reformaron los abusos anteriores: Se reafirmaron todos los puntos de la doctrina milenaria católica frente a las protestantes y uno de ellos es que la Eucaristía se definió dogmáticamente como la consagración del pan en el cuerpo de Cristo y del vino en su sangre, que renueva mística y sacramentalmente el sacrificio de Jesucristo en la cruz.

Por tanto, la iglesia católica quiso potenciar esta fiesta de tal manera que permitió que en sus procesiones aparecieran elementos paganos, surgen las danzas de palos, los autos sacramentales, y distribuye las fiestas a las localidades con más población, más importantes, o las que estaban situadas estratégicamente. En el caso de Cabrera, tenemos o tenían fiestas del Corpus en San Pedro de Trones, en Benuza, en Odollo, en Robledo, en La Baña y en Corporales. Y al resto de pueblos se le otorgaron la octava y a continuación las llamadas fiestas sacramentales. Que eran en muchas de ellas donde se hacía la ofrenda del Ramo, otro culto arbóreo que acompaña a las calles enramadas y a las alfombras de flores.

Es en estas procesiones donde aparece la Tarasca, que es el mito de Santa Marta venciendo a este ser también llamado Gomia, cabezudos, danzantes de palos, enmascarados que provienen a veces del entroido y de las fiestas de invierno, toda una serie de personajes paganos con los que hacer de esta fiesta mucho más cercana al pueblo. Pero la alegría va a durar poco, porque pronto se prohíben todas estas manifestaciones.

Un hecho cultural que reflejaba la diversidad de la sociedad durante los siglos XVI y XVII. Sin embargo, la riqueza en cuanto diversidad que suponía el ritual terminó desapareciendo debido a las prohibiciones de danzantes del rey Carlos III en el siglo XVIII, que quiso homogeneizar las costumbres de sus súbditos dentro la corriente ilustrada que dominó ese siglo. Fue concretamente en 1780 cuando ocurre dicha prohibición que reza “en ninguna iglesia… sea Catedral, Parroquia o Regular, hay en adelante danzas y gigantones; y cese del todo estas prácticas en las procesiones y demás funciones eclesiásticas, como poco conformes a la gravedad y decoro que en ellas se requiere”

Los mascarados se refugian en el entroido y se llevan consigo personajes que habían surgido en esta festividad, como la Gomia, o los Gigantes y Cabezudos, refugiándose también en otras fiestas patronales. Sin embargo, en muchos pueblos, la fiesta ya había arraigado tanto que se mantuvieron sobre todo las danzas de palos.

Las fiestas sacramentales en Cabrera hoy

Como ya hemos indicado, la iglesia repartió estratégicamente las fiestas sacramentales de forma que la gente de todos los pueblos pudieran acudir a las de cada uno de ellos, empezando por el Corpus en la localidad del municipio con más habitantes o situada de forma estratégica. De esta forma, tenemos que se celebra o se celebraba la fiesta del Corpus en los pueblos de San Pedro de Trones, Benuza, Odollo, Robledo de Losada, La Baña y Corporales. El resto de pueblos se repartían las fiestas sacramentales, primero la Octava y luego los correspondientes a los santos cercanos en el calendario, como la Trinidad, San Pelayo, San Antonio, etc… De la importancia de acudir a todas las localidades, queda constancia en la diócesis de Astorga, las Constituciones Sinodales mandaban que acudiesen a la procesión de la sede episcopal los pueblos distantes una legua y media de la ciudad con sus pendones y cruces. Esta medida propició que las parroquias unieran el Corpus a la fiesta patronal, hasta el punto de que ésta, aún hoy, se conoce como “La Sacramental”.

Calles de Robledo. Fotografía Pepe Liñán

Es en estas fechas cuando la escoba está florida proporcionando a los montes cabreireses un color amarillo mezclado con el morado de la urz. Y aunque antiguamente las escobas escaseaban y quien le salía una en una tierra la cuidaba para poder hacer la herramienta que luego se usaría para barrer la era en tiempos de maja, hoy en día sobran a lo largo de las montañas cabreiresas. Es el principal soporte vegetal que adorna las calles durante estas fiestas, los vecinos se encargan de acercarse y colocarlas entre las piedras o a las ventanas de las casas de toda la localidad, proporcionando colorido a las calles.

En otras ocasiones el colorido también se proporciona mediante alfombras de flores, característica esta que es común a muchas poblaciones de toda España. Incluso se enramaba la puerta de la iglesia formando un bonito arco. Estos arcos también se colocaban en lugares estratégicos, en sitios desde donde los predicadores dominaban mejor al pueblo y creaban púlpitos caducos desde donde daban su sermón. Hoy en día, estos lugares son puntos claves para comprender el valor simbólico de lo que fue esta tradición y del uso que hacen los vecinos del espacio. Así, hay altares que se colocan a la puerta de una familia determinada que lo viene haciendo “desde siempre”, pero que es una demostración más de su posición social y del poder. Otra forma de enaltecer las calles es colocar bonitas colchas colgadas de las balconadas de las viviendas, que hoy en día se sigue haciendo en muchas aldeas de Cabrera.

Una de las principales características es la procesión a lo largo de la localidad, que sigue normalmente otro trayecto diferente a la procesión del día del patrón, y que se realiza posteriormente a la eucaristía. El “palio” sigue siendo un elemento muy esclarecedor de que se trata de una fiesta sacramental, Se trata de un dosel (especie de toldo) que sostenido por varales se utiliza en las procesiones para resguardar al sacerdote que lleva el Santísimo Sacramento, reliquias o imágenes. Suele estar bordado ricamente en sus caídas (bambalinas), así como en el techo o cielo. Era muy normal que se aprovechase esta fiesta también para que muchos niños hiciesen la comunión, los cuales también salían en procesión. Hoy en día, cada vez se ve menos debido a la despoblación. De igual forma, era común que en esta misma fiesta sacramental aparecieran los amortajados, que como los niños, acompañaban en procesión, con sus ropas blancas y una vela para pedir la ofrenda, de ello quedan testimonios en la localidad de La Cuesta, y antiguas camisolas en la propia iglesia.

Es también muy común en las fiestas sacramentales cabreiresas que se aprovechen estas para realizar la ofrenda del ramo, aunque no tiene porque ser exclusiva de las mismas ni mucho menos. El ramo, como bien saben nuestros lectores, es esa ofrenda consistente en un armazón de madera que se adorna con colchas, roscas, flores y paños de ofrenda, portado por cuatro mozas que cantan el ramo, y que solicitan una ofrenda para que alguien sane, venga ileso de alguna tragedia o incluso para dar gracias por dicha sanación.

Los símbolos del Corpus

Como ya hemos adelantado, la del Corpus es la fiesta más rica y con más matices paganos y religiosos simultáneamente de todo el calendario. Julio Caro Baroja en su libro “El estío Festivo” nos deja buenos ejemplos de la densidad ritual que acompaña a estas celebraciones a lo largo de toda la geografía española, con elementos comunes, ya no sólo en la península, sino a lo largo de todo el mundo católico. Las flores y enramados de las calles son elementos claros de la primavera y de estas fiestas que nos los encontramos en formas de alfombras, enramando las calles o las puertas de las iglesias, incluso los mayos en las plazas que colocaban los mozos a primeros de mayo.

De la fiesta barroca que pudo ser llena de seres imaginarios, de danzas de palos en cada pueblo, de adornos y cánticos, nos ha llegado todavía suficiente material a pesar de los intentos de prohibirlos o simplemente de asimilarlos como parte del ritual. Una parte incluso que las podemos identificar en otras fiestas y tradiciones como los entroidos, o en otras partes de la provincia.

Uno de estos testimonios lo encontramos en la Catedral de León, donde aún permanece el nombre de la “puerta de la Gomia” por la que se supone entraba y salía esta figura. “Gomia o Gumia” equivale a Tarasca, y la describe como figura voraz y tragona. Según las investigaciones de Bravo Guarida hay en los libros de actas catedralicios de León, noticias pertenecientes al s. XVI sobre “La gomia y el gomiato, que salían a recibir, según dicen, a las cantaderas”, la otra gran fiesta sacro-profana de la ciudad celebrada en el mes de agosto, y hoy trasladada a las fiestas de San Froilán. Hoy en día dicha Tarasca se ha refugiado en las fiestas de San Juan y San Pedro, y ya desde hace muchos años se viste “a la moda” tomando otro carácter y evolucionando la tradición. A ella le acompañan en la misma fiesta los Gigantes y Cabezudos.

Los danzantes y danzas de palos son otro de los elementos importantes en esta fiesta, como podemos ver en el Corpus de Laguna de Negrillos, declarado fiesta de interés turístico regional. Pero no hace falta irnos tan lejos cuando en Cabrera tenemos recogidas y todavía una de ellas viva, varias danzas de palos, recogidas por Concha Casado. En estas danzas de palos se ponen de manifiesto varios pares contrarios. En los personajes destaca: cristiano-moro, en los vestidos: blancos y negros, y en los protagonistas: masculino (danzantes) y femenino (la madama) que solía ser interpretado también por un hombre. La danza y el Auto del Rey Nabucodonosor, de Corporales ha pervivido representándose con asiduidad, aunque ya no en su fecha original que era justamente el Corpus, sino en las fiestas de agosto y otros eventos. Pero no es la única, Concha Casado registró otras danzas todas relacionadas con el Corpus. Una de ellas “La danza de Carlomagno”, que se representó en La Baña, hasta el año 1948, los danzantes salían en la procesión del Santísimo Sacramento, y que la obra dramática inseparable de la danza se representaba dos veces el mismo día del Corpus, una por la mañana para los pastores que marchaban con el ganado al monte, y otra por la tarde para todo el pueblo.

Danzas de San Antonio de Padua en Santa Eulalia, año 1945. Gracioso en el lateral derecho con cencerros al cinto. Foto Celso Domínguez

Otra danza que se realizaba durante las fiestas sacramentales es la “Danza del glorioso San Antonio de Padua” de Santa Eulalia de Cabrera tenía lugar el día 13 de junio. Por la mañana en la Santa Misa, solía cantarse el Ramo, al terminar salía la procesión con los danzantes. A la tarde tenía lugar la representación de la vida y milagros del santo. En ella participaban diez personajes: ocho danzantes, más la Dama y el Gracioso (además del músico, que animaba los paloteados con los sones de su gaita de fuelle). Los principales personajes son: el rey cristiano y su esposa (la Dama), padres de San Antonio, el propio santo, su fiel criado y su sabio maestro. De la parte de los moros están: el rey moro (o turco), y otros tres moros. La misma persona interpreta a veces distintos papeles. El Gracioso desempeña el suyo habitual, como en otras danzas, y tiene aquí también sus “parlamentos”.

La indumentaria de todos estos personajes, a excepción de la Dama y del Gracioso, es siempre la misma: calzón de lino y camisa blanca, y un pañuelo de colores, con “cerras” o flecos; a modo de banda; cruzado sobre el hombro derecho (los cristianos) y sobre el izquierdo (los moros). A la cabeza, sombrero adornado con cintas y plumas. La Dama, que es un muchacho, tiene todo un tocado blanco y viste las mejores prendas festivas que haya en el pueblo. El Gracioso, mal vestido, lleva en la mano un palo con un boto de mazar la leche, con el que se abre paso y fustiga de vez en cuando al auditorio para que agranden el corro. Este personaje, nos lleva directamente a otras fiestas, a las de invierno, ya que no es más que un enmascarado que se usó para dar popularidad a la fiesta del Corpus. Mismo mascarado que nos encontramos en las “Danzas de Villagarda” en Nogar, pero que también ha llegado a nuestros días, bajo los testimonios de los vecinos de esta localidad, que también salía el Gracioso en el entroido y en San Lucas. Hoy en día gracias a los vecinos y a varias asociaciones culturales y ayuntamiento se ha recuperado tanto el traje como la máscara.

Es en Nogar donde también se realizan más danzas, hasta tres, la ya nombrada “Danzas de Villagarda”, que se baila en honor del Cristo recuperando un manuscrito de 1919. A pesar de que en el cuaderno aparece esta advertencia: “Comienza la Danza bailando llazo (sic) de castañuelas. La Dama rompe la Danza con la siguiente alabanza al bendito Cristo a quien se festeja…”, y en el monólogo se hace alusión a la fiesta del Crucificado, sin embargo esta introducción es tardía (cuando la danza pasó, del Corpus al día del Cristo), de hecho tras los versos del comienzo, se desarrolla todo un discurso eucarístico. Las otras dos danzas son la “Danza de Santa Genoveva”, así como la “Danza de la guerra de Melilla”, esta última que también se realizaba en la festividad del Corpus.

Por último no podemos dejar sin poder mencionar la festividad de Beltaine, fiesta pagana del inicio del Verano que según autores como Miguel Ángel González apuntan directamente a la sustitución por parte del Corpus de esta festividad que proclama la fertilidad. En relación a esta fiesta, todavía quedan muchos elementos paganos de la misma, como justamente ese enramado de las calles, la fiesta del mayo, o el uso de la vegetación de cualquier tipo para el adorno de la festividad del Corpus.

Foto de Portada: Corpus en Benuza. Leticia Fernández

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