Antonio Ruiz Heredia en la X Feria del Llibru de Cabreira
«Yo creo que en Cabrera se puede hacer un centro de educación ambiental, pero la gente tiene que estar muy implicada»
Antonio Ruiz Heredia, educador ambiental, naturalista y maestro jubilado, es un asiduo visitante de Cabrera. En esta feria del libro, nos presenta una obra cuyo título está cargado de intenciones: “Una aventura educativa: el joven, el viejo y el bosque”.
– Antonio, ¿qué se va a encontrar el lector de “Una aventura educativa”?
Este es un libro de experiencias, de emociones, de diálogo entre un maestro a punto de jubilarse y un adolescente de 13 años, introvertido, no muy sociable con sus compañeros que se meten con él y, además, con poco interés por las cosas. El padre, preocupado por la situación de su hijo, contrata un maestro para que intente hacerle salir de sus ensoñaciones y apatía, mediante actividades didácticas de tipo ambiental. Ya veremos si lo consigue.
– Tienes una larga trayectoria en el ámbito de la educación ambiental. ¿Crees que es un campo de trabajo en el que hay que estar reciclándose continuamente?
La educación ambiental desde su concepción, es dinámica, participativa, original, pero no es una asignatura. De manera que evoluciona, o mejor dicho, ha de evolucionar de manera permanente. Hay unos principios básicos que la conforman, como lo es la interdisciplinariedad, la igualdad, el hecho de estar dirigida a todos- niños jóvenes y adultos-, la continuidad en el tiempo, la participación, la ética, la inclusión en todos los ámbitos educativos y ciudadanos. No es que tengamos que reciclarnos continuamente, sino que hay que evolucionar sin perder los principios y la esencia de lo que es la educación ambiental. Hay muchos libros editados sobre este tema.
– Tú qué vives en el medio rural, ¿qué te produce el escuchar continuamente el término “España Vaciada”? Parece que últimamente se ha puesto de moda…
La definición de «España Vaciada» nace de una realidad: la de aquellas comarcas donde el abandono, la falta de medios, de servicios, de comunicaciones, el envejecimiento de la población y la huida de los jóvenes, además de la desidia de las Administraciones. están dando la puntilla a un proceso que comenzó a mediados del siglo pasado. Igual es un término un tanto manoseado, pero es lo que está pasando a una velocidad de vértigo. Yo vivo a caballo entre un pueblo de la que antes se llamaba la sierra pobre de Madrid de 300 habitantes y de una aldea de menos de 100 en la que durante años, estaba mi puesto de trabajo en un centro de educación ambiental. Ahí se nota mucho la despoblación y la falta de recursos: médicos, carreteras, infraestructuras de todo tipo, Internet…
– ¿Cómo afrontas tú la educación ambiental a nuestros niños? Quiero decir, el promulgar el respeto y conocimiento hacia la naturaleza en una sociedad, la española, que parece cada día más “urbanita” y menos conocedora del medio rural…
El problema no es sólo que la sociedad se haga cada vez más «urbanita». Efectivamente, cada vez hay menos conocimiento del medio rural y de su realidad. En eso han influido varios factores. Las comodidades, en ocasiones excesivas a las que nos estamos malacostumbrando, como la inmediatez en todo, en el transporte, en los servicios…cosa que no es simultánea en el ámbito rural. Que nos lo sirvan todo fácilmente envasado en plástico en las tiendas…Ya no es ir a la tienda más cercana o al chigre del pueblo. Los escolares y los jóvenes cada vez son más dependientes de las pantallas, del ruido permanente, de las músicas machaconas que escuchan por el móvil. Eso es terrible y adictivo. Ya hay países que están implantando el no dejar en manos de adolescentes de menos de 16 años ningún tipo de móvil o tableta.
La educación ambiental, como se demuestra en actividades extraescolares, puede combatir esta parte. Pero las actividades no pueden ser algo puntual y anecdótico, sino algo permanente y continuado en el tiempo. Eso va también para los adultos, algunos muy enganchados a las pantallas y a la IA.
– Parece que hay una dicotomía cada vez más acuciante entre el medio rural y el medio urbano o, al menos, así lo percibimos los que hemos abandonado la ciudad después de toda una vida…¿Es fruto del desconocimiento?
Es algo cada vez más evidente y va en aumento. Hay muchas personas que, al volver al pueblo después de haber tenido que emigrar a la gran ciudad, regresan con cierta soberbia y un ápice de desprecio a lo que se encuentran allí. Eso si vuelven. Yo lo he visto. Mientras, otras personas se sienten a gusto y felices al integrarse de nuevo al ámbito rural. Incluso rehabilitan el gallinero de sus padres, arreglan el huerto, los frutales…esa dicotomía se da. No nos tenemos que asustar ni dejarnos llevar por aquellos que, al regresar, les molestan las cacas de las vacas, el canto del gallo y las campanas de la iglesia. No creo que sea fruto del desconocimiento, sino un intento de trasplantar la ciudad al pueblo.
– Eres el artífice del centro de educación ambiental «El Molino de Arriba» , un interesantísimo proyecto ubicado en la sierra norte de Madrid. ¿Qué nos puedes decir de este proyecto? ¿Crees que sería viable en un entorno como el nuestro, es decir, en Cabrera?
Yo creo que sí se puede llegar a hacer algo parecido en Cabrera, aunque es difícil. El centro fue creado por un grupo muy heterogéneo de personas en 1990 y se legalizó en 1991. Había desde estudiantes de Biológicas, veterinarios, parados, ecologistas y algún profesor. Se creó para ello una CB, una Comunidad de Bienes, con la que consiguieron participar en serio. Tuvo inicios complejos ya que cada cual perseguía sus propios intereses y algunos querían una rentabilidad rápida. Mucha gente no podía vivir de esto y mucho menos en la Sierra, donde las condiciones invernales son complicadas y evitan que se puedan realizar actividades durante todo el año. Hubo muchos trámites, autorizaciones de varios organismos…el visto bueno del ayuntamiento, Comunidad Autónoma, Consejería de Política Territorial, Guarda Forestal, etc…hicieron que poco a poco muchos componentes terminasen abandonando.
Pero yo creo que en Cabrera se puede hacer pero la gente tiene que estar muy implicada y sabiendo en lo que se mete. Es difícil pero no imposible.
