David Muñoz Mateos en la X Feria del Llibru de Cabreira
«Creo que alguna vez soñé con que Entre las hojas escondido fuera efectivamente una novela acerca del noroeste ibérico, acerca de estos montes y de las gentes que los habitan»
David Muñoz Mateos es un escritor que se estrena como ponente en la Feria del Llibru con el libro “Entre las hojas escondido”. Desde la sierra de la Culebra, nos trae esta historia que conforma su segunda novela; con el objetivo que desde una comarca “hermana” como Cabreira, podamos llegar a la esencia de este libro.
– David, ¿Qué se va a encontrar el lector en este libro?
Entre las hojas escondido es una novela que cuenta la vida de Samuel Carvalho, un hombre que vive solo en un pueblo casi abandonado de la Sierra de la Culebra, donde se dedica a ayudar a los cazadores y a disecar animales. El narrador, que compartió la infancia y la adolescencia con Samuel, lo reencuentra después de muchos años sin verse y, dándose cuenta de hasta qué punto la biografía de su antiguo amigo es un misterio, le pide permiso para contar su historia. Se trata de la historia de un «niño salvaje», un niño abandonado en la naturaleza que sobrevive durante un tiempo indeterminado sin compañía humana, criado tal vez por los animales; la historia de cómo ese niño ha tratado de adaptarse a la sociedad a su regreso, de hasta qué punto lo ha conseguido. Durante varios meses, el narrador visita la casa de Samuel, su pueblo y unos montes que también parecen suyos, y esas entrevistas nos muestran, hasta cierto punto, su pasado y su presente. Junto a ellas, el narrador introduce fragmentos de ensayos acerca de la educación y la integración de otros niños salvajes y los recuerdos de algunas de las personas que conocieron a Samuel, en un intento de comprenderlo mejor, de que el retrato sea lo más completo posible.
– Samuel Carvalho, el protagonista de tu novela, parece un personaje que transita entre mundos/situaciones opuestas y confrontadas, como lo es la vida salvaje y la “civilización”. ¿Es así?
Sí, Samuel se encuentra siempre en la frontera. En la frontera entre España y Portugal. En la frontera entre el ser humano y los animales, con los que a veces parece entenderse mejor que con sus congéneres, una línea divisoria que él mismo difumina y que nos obliga a cuestionarnos qué somos en realidad, si no somos todos animales salvajes. Y también en la frontera entre la realidad y la ficción, pues, como les sucede a tantos niños salvajes, nunca está del todo claro hasta qué punto lo que él cuenta o lo que se cuenta sobre él es cierto, invención, o algo entre medias.
– Otra de las protagonistas de este libro es la sierra de la Culebra. En otra entrevista comentaste que “necesitaste” tomar distancia física para reflejarla como tú querías en este libro
Viví cinco años en la comarca de Sanabria, tratando de escribir esta novela. No lo conseguí. Me dediqué a recorrer la sierra, a aprendérmela casi de memoria, pues para mí era muy importante que los paisajes de Entre las hojas escondido fueran lo más reales posibles, que Samuel viviera en una sierra auténtica, reconocible. Si todo lo que le rodea es real, me decía, él cobrará más realidad. Sin embargo, solo fui capaz de escribir su historia cuando me fui a París (donde vivieron la mayoría de los pedagogos, psicólogos y filósofos que escribieron acerca de los niños salvajes). Envidio a quienes son capaces de escribir acerca del lugar en el que viven: yo tuve que alejarme para hacerlo. Necesitaba la libertad que solo da la distancia; en primer lugar, para hablar de quienes viven en la sierra y, en segundo, para hablar de la sierra misma y de cómo algunos de sus pueblos están a punto de desaparecer. Durante el tiempo que viví allí, mi mayor deseo era llevar vida a esos lugares, era difícil escribir al mismo tiempo sobre cómo les rondaba la muerte.
– ¿Cómo fue el proceso de creación de esta historia, la cual te llevó largo tiempo estructurarla y escribirla?
Desde el principio tuve muy claros la historia y los conflictos de Samuel. Y supe también que no sería solo una novela, que sería también un ensayo sobre los niños salvajes —en el fondo, un ensayo sobre lo salvaje que todos llevamos dentro, un acercamiento a la pregunta de qué somos—. Tras encontrar la voz del narrador y la voz de Samuel, lo más difícil fue estructurar las distintas partes, los diferentes componentes del libro (el pasado, el presente, la teoría, las descripciones de naturaleza…) para que dialogaran entre ellos. Así, un relato del pasado de Samuel permite comprender el significado de una escena en el presente, o le da vida y carne a un aspecto teórico que el narrador acaba de introducir. Es una estructura musical, que tuve que elaborar antes de ponerme a escribir. Fueron meses de trabajo, los más intensos de todo el proceso, pero también los más hermosos: me parecía estar componiendo una sinfonía, buscando la manera de que todas las voces y los instrumentos —todos los elementos que componen el libro— sonaran en armonía, con un mismo sentido.
– Hay muchas cuestiones que se reflejan en esta novela: la despoblación, la delgada línea entre la vida salvaje y la socialización grupal, las tradiciones como las mazcaradas…Muchas cuestiones que compartimos en Cabreira. ¿Qué cuestiones destacarías como fundamentales? ¿Hay un identidad común en todas las comarcas del noroeste ibérico que es compleja de representar?
En 2016, antes de crear a Samuel, antes de saber que existía, hubo tres elementos con los que me imaginé escribir una novela: el primero fue la Sierra de la Culebra, ese lugar del que el lobo nunca desapareció, con el que los habitantes han convivido desde siempre. Quería hablar de su naturaleza, de los procesos ecológicos que la rigen y del choque entre esa vida extraordinaria que sucede en los montes con la despoblación de los pueblos: cómo la naturaleza recupera terreno cuando el ser humano desaparece. El segundo elemento fueron las máscaras: desde que vi Los Carochos de Riofrío de Aliste y las figuras del Diablo Grande y el Diablo Chiquito me pareció que ahí había una historia muy interesante, una historia de vínculo con las fuerzas de la naturaleza, que habla de que los seres humanos somos más de lo que nos dicen que somos. Y el tercer elemento fue el colegio público en Zamora al que yo fui de pequeño: un colegio que intentó hacer de la integración de niños con necesidades educativas especiales el centro mismo de la educación. A partir de estos tres elementos surgió la figura de Samuel, para hablar de lo salvaje del territorio. de lo salvaje del ser humano y de la posibilidad de integrarlo. Aunque no muchos, colegios como el de Zamora existieron por toda España en los años ochenta y noventa, antes y después de la aprobación de la LOGSE. Los otros dos, efectivamente, son más propios del noroeste ibérico: creo que alguna vez soñé con que Entre las hojas escondido fuera efectivamente una novela acerca de este territorio, acerca de estos montes y de las gentes que los habitan.
– ¿Es Samuel Carvalho el alter ego de David Muñoz?
El narrador es quien más se parece al autor, pero los dos forman parte de mí. Samuel es, más bien, el doble del narrador, el hermano que nunca tuvo, el sueño más salvaje que se atrevió a imaginar, todo en lo que teme convertirse. El narrador lo mira como se mira un abismo: con vértigo, imaginándose caer en vacío.
– Definirías “Entre las hojas escondido” como un ejercicio de metaliteratura?
Hay ciertos componentes metaliterarios explícitos, de cuestionamiento sobre la naturaleza de la literatura, pero no sé si es lo más importante del libro: por ejemplo, la manera en que Samuel habla de disecar animales y crear esculturas con ellos está relacionada con la manera en que está escrita la novela. También, el narrador da cuenta constantemente de las dificultades que lo supone contar la historia de alguien que parece inventársela de una manera diferente en cada conversación. Implícitamente, a través de los diferentes materiales del libro y las particularidades del personaje, el libro sí que se interroga acerca de los límites de la ficción y de su relación con la realidad.
– ¿Qué esperas encontrar en nuestra comarca y en la Feria del Llibru de Cabreira?
En primer lugar, claro, todo indica que voy a pasar un día estupendo un entorno maravilloso. Más allá de eso, quiero escuchar al resto de participantes: me interesa mucho conocer la manera en que los habitantes narran este lugar, qué conflictos, qué esperanzas, qué dificultades encuentran en él; cómo la naturaleza y la vida de estos pueblos se vuelven literatura. Creo que, al hablar de lugares muy concretos, muy precisos —de unas pocas piedras, de unos cuantos árboles, de unas casas en particular—, pueden aparecer historias que nos interpelen a todos, y a menudo he encontrado en ese tipo de relatos una profundidad y una fuerza universales.
