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Alejo Ibáñez en la X Feria del Llibru de Cabreira

Con «Amancio, vampiro de pueblo» utiliza la comedia negra como vehículo para representar el drama de la despoblación

Alejo Ibáñez nos trae una originalísima obra en lo que el autor ha calificado como “agrohorror”. Se trata de “Amancio, vampiro de pueblo” donde esperamos que los lectores cabreireses se identifiquen con el protagonista.

– Alejo, ¿Qué se va a encontrar el lector en “Amancio, vampiro de pueblo”?

En primer lugar mucho humor negro con tintes terroríficos y, desde luego, también un acercamiento al drama de la despoblación desde un perspectiva poco habitual, la de la comedia.

– En este caso, se puede decir que hiciste el camino contrario que habitualmente sucede: primero rodaste el cortometraje y, luego, escribiste el libro. ¿Fue un hecho premeditado o surgió espontáneamente?

La verdad es que no fue buscado. En un principio solo pretendía dirigir un cortometraje pero el éxito de su distribución a nivel nacional y fuera de nuestras fronteras, me animó a convertirlo en una primera temporada para una serie. En la época de la pandemia, Netflix fijó su sede europea en Madrid y buscaba nuevos proyectos. Tras una serie de reuniones con ello, comprendí que nuestra propuesta no iba a cuajar pero no quería que todo aquel material se perdiese y por eso me animé a transformarlo en algo que había intentado plasmar más veces pero que siempre había abandonado: una novela.

– ¿Qué es lo que te motivó a adentrarte en esta historia y por qué la abordaste como una comedia negra?

Me pareció que aquello que pretendía tratar, la despoblación rural y el trato que, en la actualidad le damos a nuestro mayores, son tan crudos y descarnados, que me pareció que la única forma de hacer que el lector se tragase semejante engrudo era pasarlo por el tamiz de la comedia. ¡Negra, por supuesto!

– ¿Hay algún suceso real que te haya inspirado para el personaje de Amancio?

Mi abuelo Alejo. No se trataba de un borrachín pendenciero como Amancio pero desde luego, al igual que mi chupasangre cazurro había alcanzado un estado superior del conocimiento y trabajar le gustaba lo mismo que a Amancio. Si podía ser poco bien y si podía permitirse no dar una palo al agua, mejor.

– Esta historia sucede en Santa Marina del Rey, pero ¿Crees que es extrapolable a otros pueblos leoneses?

Creo que el microcosmos está contenido el macrocosmos y que, al menos en el caso de España, por desgracia la despoblación afecta a prácticamente todo el interior del país. Nuestros mayores, sean de la zona que sean, no corren mejor suerte tampoco.

– Tu formación ha sido esencialmente en el mundo del cine, lo que te ha llevado a vivir en muchas urbes y lugares diferentes. Un día decidiste volver a la tierrina y comprar los cines Velasco en Astorga. ¿cómo ha sido ese cambio?

No puedo decir que buscado pero desde luego, si que quería volver a mi tierra y a poder ser, vivir en un pueblo. Si algo me dejó claro el hecho de haber vivido en una urbe cada vez mayor es que, como le ocurría a Paco Martínez Soria, la ciudad ya no era para mí. De todas formas, mi intención al regresar a León era montar una librería con música en directo pero el último cine de Astorga se cruzó en mi camino y en mi reciente tradición de traer cosas muertas a la vida (como Amancio), no pude resistirme a su influjo.

– Últimamente se han publicado muchos libros ambientados en lo que llaman “la España vaciada”, pero pocos se acercan a reflejarlo a través del sarcasmo, que la RAE define como “Burla sangrienta, ironía mordaz y cruel “…¿crees que has inaugurado un nuevo género, el agrohorror?

Desde luego, Amancio parece adscrito a él desde el mismo momento de su nacimiento aunque no me lo había propuesto así. No obstante, creo abordar las historias desde ese prisma sardónico siempre estuvo ahí a pesar de no ser muy utilizado.

– Por último, ¿qué esperas de tu visita a nuestra feria del libro? ¿Cómo se ve a los cabreireses desde otras zonas de León?

En un principio, lo que más me atrae es que se considere a la comarca como un espacio un poco dejado de lado. Supongo que eso es un inconveniente para el día a día de sus residentes pero para un cuentacuentos como yo, supone descubrir un espacio inalterado que, seguramente, conserve todavía su esencia original.