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Alberto Liébana en la X Feria del Llibru de Cabreira

«Ecos del desgarro» es una historia que llevaba muchos años queriendo contar»

En esta edición debuta en la feria del libro Alberto Liébana, un cabreirés de Corporales que nos trae una original obra del género de la fantasía con un inquietante título: “Ecos del desgarro”.

– Alberto, ¿qué es lo que se va a encontrar el lector en “Ecos del desgarro”?

Se va a encontrar una historia de fantasía oscura y aventuras en un mundo muy trabajado, lleno de detalles, pero sobre todo con personajes muy humanos. Aquí no hay héroes perfectos ni villanos. Todos tienen sus razones para hacer lo que hacen, aunque a veces se equivoquen o tomen decisiones muy duras. Hay guerras, venganzas, traiciones políticas… y un mundo que he intentado construir con mucho detalle para que todo tenga sentido. Es de esos libros en los que merece la pena estar atento a los pequeños detalles, porque muchas cosas que parecen sin importancia luego acaban teniendo su peso.

– ¿Por qué te has adentrado en el género de la fantasía? ¿Cómo surgió este libro?

Porque la fantasía me ha acompañado prácticamente toda la vida. El primer libro que leí fue La historia interminable y el segundo El Hobbit. Me los dejó mi primo Marcos, que ya no está con nosotros, y por eso este libro está dedicado a él. Aquellas historias me engancharon de una forma increíble y desde entonces no he dejado de leer fantasía. Hoy en día sigo haciéndolo, aunque muchas veces sea en formato audiolibro por falta de tiempo. Unos de mis autores favoritos ahora mismo son Brandon Sanderson o George R.R. Martin, aunque no hayan terminado su obra. La historia de «Ecos del Desgarro» empezó hace muchísimo tiempo. Desde los quince años tenía la costumbre de inventarme historias en la cabeza. Cualquier canción, una película, algo que me pasara o simplemente una idea me hacía imaginar mundos enteros. Con el tiempo me dí cuenta de que podía unir muchas ideas y construir una historia mucho más grande. Poco a poco fue creciendo hasta convertirse en la novela que es hoy.

– Las novelas fantásticas tienen un público más limitado en número pero creo que, a mi juicio y según mi experiencia, más exigente. ¿Lo ves de esta manera?

Sí, totalmente. Creo que quien es muy fan de la fantasía busca que todo tenga sentido. Aunque sea un mundo inventado, quiere sentir que podría existir. Que las normas estén claras y que las cosas ocurran por un motivo. Por ejemplo, en mi libro la magia tiene unas reglas. No funciona porque sí ni aparece cuando conviene. Lo mismo pasa con la sociedad. Hay leyes, economía, política… Si un campesino tiene que entregar la mitad de su trigo en impuestos y su familia pasa hambre, eso tiene que tener consecuencias. Se enfadará, protestará o hará algo. Todo eso hace que el mundo se sienta vivo y creíble, y para mí esa es una de las cosas más importantes de la fantasía. Sentir que ese mundo está vivo.

– ¿Dónde y cómo te inspiras para componer las historias de “Ecos del desgarro”?

La mayor parte del libro la escribí en Corporales, mi pueblo, aunque la historia llevaba muchos años viviendo en mi cabeza. La fui construyendo poco a poco, añadiendo ideas, cambiando cosas y haciéndola crecer hasta que sentí que ya estaba preparada para escribirla de verdad. Empecé un par de años antes de la pandemia y, aunque suene raro decirlo, aquellos meses me dieron el tiempo y la tranquilidad que necesitaba para terminar el primer borrador. Después vinieron años de corregir, revisar y pulir el libro, una parte en la que mis hermanas me ayudaron muchísimo. La mayoría de las ideas surgían por la noche. Me iba a dormir y seguía la historia en mi cabeza justo donde la había dejado el día anterior. Al día siguiente intentaba escribir todo lo que recordaba y por la noche volvía a continuar. Era como ver una serie, pero dentro de mi cabeza. Y hay una cosa curiosa: muchas veces los personajes acababan haciendo lo que les daba la gana. Yo tenía pensado que fueran por un camino y ellos terminaban llevándome por otro. Luego me tocaba arreglar el lío… pero, sinceramente, era una de las partes que más disfrutaba.

– ¿Crees que esta novela es una vía de escape o un momento de evasión personal? ¿Te identificas en algún aspecto con alguno de tus personajes?

Más que una vía de escape, diría que es una historia que llevaba muchos años queriendo contar. Me gusta escribir y, cuando lo hacía, sí que me metía por completo en ese mundo durante un rato y desconectaba de todo. Con quien más me identifico quizá es con Sorid al menos al principio de la historia, sobre todo por esa parte de crecer en un pueblo, que tiene bastante de mi propia experiencia. Pero en realidad creo que todos los personajes tienen un pequeño trocito de mí. Cada uno refleja alguna forma de pensar, algún miedo o alguna parte de mi personalidad, aunque luego cada uno tenga su propia vida y su manera de afrontar las cosas.

– ¿Tienes más proyectos literarios en preparación?

Sí. De hecho, «Ecos del Desgarro» es solo el principio de una historia mucho más grande. Ya estoy escribiendo la segunda parte y mi idea es contar toda la historia, aunque todavía no sé cuántos libros acabarán siendo. Ahora mismo tengo una habitación que parece la escena de una película de detectives: un corcho lleno de pósits con personajes, reinos, fechas y un montón de hilos para no perderme entre todas las tramas. Además, tengo otra historia bastante avanzada en mi cabeza y otra que empecé hace tiempo y tengo aparcada. Son completamente diferentes a «Ecos del Desgarro», pero espero retomarlas algún día. Una de ellas ocurre gran parte en Cabrera. Debería retomarla…

– Hablando de Cabrera y de tu pueblo, Corporales, ¿Cómo ves el desarrollo de nuestros pueblos?

Creo que el futuro de nuestra zona pasa por encontrar un equilibrio entre mantener la tradición, y adaptarnos y aprovechar la tecnología que se tiene hoy en día. La verdad que es un tema algo difícil. Es verdad que llevamos años sufriendo despoblación, envejecimiento y pérdida de servicios, y eso se nota. Pero soy optimista. Tenemos una tierra increíble, un patrimonio natural, histórico y cultural que muchas veces no valoramos lo suficiente y, sobre todo, gente con muchas ganas de hacer cosas, como vosotros. Si se mejoran las comunicaciones, hay servicios, vivienda, oportunidades para emprender y se apuesta por el turismo sostenible, la ganadería de calidad o incluso el teletrabajo, creo que nuestros pueblos pueden tener futuro. Es una rueda que es difícil que comience a girar.  Al final, el desarrollo no consiste solo en que haya más habitantes, sino en que la gente pueda vivir bien aquí. Si conseguimos que los jóvenes quieran quedarse y que otras